4.01.2011

Acerca de la hoja poética "Año Uno"

Cuando nació "Año Uno" en 1985 tenía una prehistoria literaria detrás. Originalmente fue un proyecto de revista inviable por la época, y que hubiera tenido seguramente otro nombre, pero proyecto del que resultó la edición de "Nueva poesía en Albacete" en 1974.
Luego llegó 1977 y formamos un taller de poesía que publicó, a su costa, la antología de poemas "Reventando las sombras", y por fin desde 1978 hasta 1979 se constituyó la "Asamblea de Trabajadores de la Cultura" que obtuvo muchas adhesiones aunque cosechó aire debido a la reacción de una rémora (de retener y de obstáculo) institucional que frustró la iniciativa de cambiar la cultura.
Hoy “Año Uno” es una hoja poética, expresión de una creación literaria independiente, sin vínculos con ningún presupuesto público.
El gasto que origina la impresión de sus 99 ejemplares -menos que las copas de otros- sale del bolsillo de sus integrantes. Así ha sido desde su primera salida en 1985, en la que Miguel Barnes, ahora presidente de honor de "Año Uno", fue su director de Arte.
En el año 1985, por no contar con colaboración institucional, incluso nos quedamos sin lugar para la presentación del primer número. Teníamos apalabrado el local del antiguo cine Productor B pero nos lo denegaron a última hora, con las invitaciones impresas, por lo que llevamos a cabo la presentación en el Altozano, a pie y por nuestra cuenta.
Desligada desde siempre de cualquier prebenda, unió su aventura a la también hoja poética “Llanura y Vallés” que dirigía Antonio Matea Calderón, en pro de una expresión literaria sin ataduras y sumando enseguida las numeraciones de ambas “plaquettes”. Antonio Matea Calderón desempeñó el cargo de director de "Año Uno" hasta su muerte, el año pasado.
La periodicidad de la hoja poética “Año Uno” ha sido la típica, ha salido cuando ha podido, su mayor regularidad la alcanzó durante los más de 30 números publicados como separata semanal de un extinto periódico, el “AB.Diario de Bolsillo”, a finales de los noventa.
El voto de pobreza, tan saludable siempre para escribir, ha hecho innecesario el de obediencia, sin contar con que la obediencia en literatura es publicidad de quién paga.
"Año Uno" es la expresión pura de los que no renunciamos a imprimir algo de aquello que escribimos.

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